La voz sacó a Maxi de su desagradable ensoñación. Se giró y vio a dos jóvenes con túnicas negras mirándola con expresiones de desconcierto. Al reconocerlos como dos de los escuderos que había visto en el banquete, se enderezó. Los jóvenes la saludaron con las manos sobre el pecho e hicieron reverencias respetuosas.
—No hace falta alarmarse, mi señora. Solo queríamos asegurarnos de que estuviera bien.
—E-Está bien. Gracias, oh...
Insegura de cómo llamar al joven escudero, Maxi movió los ojos con incertidumbre. El apuesto joven de cabello plateado se presentó rápidamente.
—Le ruego disculpe mi presentación tardía, mi señora. Soy Ulyseon Rovar, y seré nombrado caballero el próximo año.
El joven alto que había estado de pie con torpeza junto a él lo siguió.
—Garrow Livakion, mi señora. Seré nombrado caballero el mismo día que mi amigo aquí presente.
—S-Soy Maximilian C-Calypse.
Los miró con torpeza, sintiéndose tonta por haberse presentado cuando ya la conocían. Ulyseon le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—¿Estaba dando un paseo, mi señora?
—N-No... solo estaba i-inspeccionando el castillo.
El rostro de Ulyseon se puso serio.
—Puede que estemos dentro de la seguridad de estos muros, pero aun así es peligroso que deambule sola, mi señora. El castillo ha estado recibiendo más visitantes últimamente, y si ocurriera un accidente...
—¿Un a-accidente?
Su voz salió temblorosa, lo que a su vez puso al joven en un aprieto.
—No fue mi intención asustarla. Solo estaba preocupado... ¡Oh! ¿Me permitiría escoltarla, mi señora?
—E-Está bien. No quiero q-quitarle su t-tiempo...
—Es un honor para un caballero servir a una dama. Puede que aún no sea caballero, pero estoy preparado para protegerla con mi vida.
Su fervor tomó a Maxi por sorpresa. Mientras daba un paso atrás, Garrow le clavó el codo en las costillas.
—Deja de exagerar, Uly.
—¡Siempre soy fiel a mis palabras! —exclamó Ulyseon.
Pero el sonido de su propio grito pareció convencerlo de que estaba reaccionando de forma exagerada. Carraspeó y se dirigió a Maxi con una voz más calmada.
—En cualquier caso, no debe caminar sola. Si lo desea, puedo llamar a los guardias para que la escolten.
—Solo estoy d-dando un paseo... No hay n-necesidad de llegar t-tan lejos...
—¡Estos muros no garantizan la seguridad, mi señora! Si algo llegara a suceder, jamás podría enfrentarme a Lord Calypse...
El rostro de Ulyseon se puso pálido ante sus propias palabras.
—Si esto le p-preocupa tanto, entonces p-por favor...
El rostro del escudero se iluminó de inmediato.
—¿A dónde debo escoltarla, mi señora?
—Iba de c-camino a la f-fragua...
—¡Qué coincidencia! Ahí es a donde nos dirigíamos. Permítame guiar el camino.
Ulyseon tomó la delantera con un resorte en sus pasos. Garrow se encogió de hombros y lo siguió. Maxi vaciló, luego comenzó a seguirlos con pasos silenciosos.
La cálida atención del joven escudero resultaba refrescante. Aunque Riftan era cariñoso, sus modales eran bruscos. Ruth tenía la lengua afilada y jamás se guardaba las palabras, mientras que el resto de los caballeros simplemente ignoraban su existencia.
Deben tener quince años, o dieciséis a lo sumo.
—¿Tienen algún asunto especial en la fragua?
—Nada en p-particular, p-pero escuché que los m-mercaderes visitan menos d-durante el i-invierno... Y quería ver s-si necesitaban a-algo.
—Íbamos a la fragua porque mi espada se rompió durante la práctica —respondió Ulyseon alegremente, señalando la espada atada a su cinturón—. Es vergonzoso admitirlo, pero es la segunda vez que sucede este mes. El herrero me regaña cada vez que me ve.
Se sonrojó ligeramente, y Maxi sonrió ante su franqueza. Su ansia por complacer la hacía sentir un poco incómoda, pero podía ver que era un joven amable y sincero.
—A este ritmo, jamás seré ni una décima parte del caballero que es Sir Riftan. Ni siquiera la punta de sus pies.
—Seremos Caballeros de Remdragon el próximo año, Uly. ¿No te estás poniendo el listón demasiado bajo a ti mismo?
—Garrow, no entiendes lo increíble que es Sir Riftan. ¡Olvídate de una décima parte! ¡Convertirse siquiera en la centésima parte del caballero que es él sería un logro notable!
—¿En serio?
Garrow claramente ya había tenido suficiente de la adoración de su compañero hacia Riftan. Maxi, sin embargo, se veía complacida.
—¿Es R-Riftan realmente un caballero t-tan consumado?
—¡Consumado ni siquiera se acerca a describirlo! —Ulyseon la miró con incredulidad—. Sir Riftan es verdaderamente el más grande entre los caballeros. ¡No lo llaman la reencarnación de Wigrew por nada! Solo cinco caballeros en el continente han recibido ese honor, y dos de ellos fueron derrotados a sus manos.
¡Venció a Sir Sejuleu Aren de Livadon durante una competencia de esgrima hace seis años, y a Sir Kuahel Leon de Osiriya no hace mucho!
Maxi sonrió con incertidumbre. Había oído el nombre del comandante de los Caballeros del Templo en varias ocasiones, pero tenía poca idea de su renombre o del de Riftan por haber derrotado a semejante hombre.
—Decidí convertirme en caballero después de ver la esgrima de Sir Riftan en una competencia. ¡Lo he admirado desde entonces!
—Y-Ya veo... —susurró Maxi, insegura de cómo debía reaccionar.
Ulyseon frunció el ceño ante su reacción tibia.
—Parece que no está familiarizada con la grandeza de su esposo, mi señora.
—¡S-Sí lo estoy! ¡Él d-derribó al d-dragón...
—Era un gran caballero incluso antes de la Campaña del Dragón. ¿Alguna vez lo ha visto blandir una espada, mi señora?
—¡P-Por supuesto que sí! ¡Lo v-vi peleando contra m-monstruos...
Dejó la frase inconclusa, insegura de poder afirmar haber visto algo. La primera vez, se había desmayado, y la segunda vez, todo había terminado antes de que se diera cuenta de lo que había pasado. Reacia a dar la impresión de que no sabía nada sobre su propio esposo, llenó los vacíos de su memoria con adornos.
—¡V-Vi a Riftan p-partiendo en dos a un g-gigante adulto! ¡Lo v-vi con mis p-propios ojos! ¡D-Diez gigantes nos atacaron, y él a-acabó con t-todos ellos en un a-abrir y c-cerrar de ojos!
En realidad, no podía recordar cuántos monstruos había habido. Pero mantuvo obstinadamente su farsa, segura de que no habían sido menos de diez. Un par de ojos comenzaron a brillar de asombro.
—¡Diez ogros gigantes! ¿De verdad?
—¡Qué historia tan increíble! ¿Podría contarnos más?
Maxi se estremeció. Podía notar por los rostros ansiosos de los escuderos que esperaban una historia épica, pero ya había dicho demasiado como para admitir la verdad. Se devanó los sesos desesperadamente en busca de relatos heroicos que los bardos habían contado.
—¡E-Estábamos en el c-carruaje cuando o-oímos un r-rugido feroz! ¡Era t-terriblemente fuerte, lo suficientemente fuerte como para d-desgarrar el c-cielo en d-dos! P-Pensé que el c-cielo se había d-derrumbado. Me quedé p-paralizada, pero R-Riftan saltó fuera del c-carruaje, espada lista en mano. S-Se movió tan r-rápido que ni siquiera lo v-vi d-desenvainarla.
—¡Nadie puede vencer a Sir Riftan al desenvainar espadas! —exclamó Ulyseon con entusiasmo—. Sus enemigos escupen sangre de sus cuellos antes de siquiera haber visto el destello de su hoja.
La escena inductora de pesadillas no era más que un relato encantador para los jóvenes. Maxi encontró esto perturbador, pero continuó.
—H-Había d-diez gigantes tan grandes como este castillo. Todos los c-caballeros desenvainaron sus espadas, y R-Riftan lideró el ataque. Alzó su espada c-contra el g-gigante más grande, y c-con un d-destello de luz...
Entrecerró los ojos, intentando recordar. ¿Qué había dicho Ulyseon?
—¡La c-cabeza del m-monstruo rodó por el s-suelo, y comenzó a e-escupir s-sangre de su c-cuello!
—¡Por supuesto! ¡El aura de la espada de Sir Riftan puede incluso atravesar el Aliento del Dragón! —intervino Ulyseon con entusiasmo—. ¡Un mero ogro no es nada!
Con los ojos brillantes, los escuderos esperaron a que ella continuara. No mostraron ninguna señal de frustración por su tartamudeo. Su entusiasmo alimentó su emoción, y comenzó a blandir una espada imaginaria.
—Al ver a su c-congénere caído, otro g-gigante soltó un r-rugido ensordecedor. ¡Blandió un g-garrote tan grueso como este árbol contra R-Riftan! P-Pero Riftan saltó alto como un águila al a-alzar el vuelo y e-esquivó el g-golpe!
Sonrió para sus adentros, felicitándose por su propia elección de palabras.
—El gigante era d-demasiado l-lento y golpeó el suelo con su g-garrote. ¡La tierra se s-sacudía con cada g-golpe!
Movió los brazos y fingió golpear el suelo. Los escuderos tensaron los hombros con expectación. Maxi, que jamás había visto a nadie tan absorto por sus palabras, se emocionó aún más.
—¡Riftan b-blandió su e-espada de nuevo! ¡Un repentino d-destello, y el brazo del ogro cayó al s-suelo, c-cortado limpiamente como una s-salchicha! Y la s-sangre...
Al haber notado que los ojos de los jóvenes brillaban con renovada emoción cada vez que mencionaba sangre, alzó los brazos y comenzó a gritar dramáticamente.
—¡La s-sangre c-caía como l-lluvia cuando el g-gigante sacudía su muñón s-seccionado! ¡Una lluvia de s-sangre n-negra!
—Y nos tomó medio día lavarnos esa sangre de encima.
Maxi dejó de agitar los brazos y se quedó paralizada.
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