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Bajo el Roble - Capítulo 46

Ruth revolvió el escritorio abarrotado y sacó una piedra roja resplandeciente del tamaño de la palma de Maxi.

—Esta piedra contiene una cantidad fija de magia y funciona como fuente de energía para los dispositivos mágicos. Al colocar una dentro de un dispositivo, la gente común puede usar magia.

Maxi examinó la piedra. Su superficie brillaba místicamente como luz roja reflejada en agua ondulante. Sosteniendo la piedra en sus manos, sintió como si le hubieran dado un vistazo a un extraño mundo nuevo. El corazón comenzó a latirle más rápido.

—Ahora, si eso satisfizo su curiosidad, ¿comenzamos? Si no terminamos esto pronto, perderé mi torre.

Ruth empujó una pila de libros hacia un lado para hacer espacio en el escritorio. Maxi dejó la piedra y escuchó con atención mientras él explicaba paso a paso cómo hacer los cálculos y cómo dibujar los diseños complejos.

Con las instrucciones detalladas de Ruth, Maxi rápidamente comprendió la tarea a realizar, sumando y restando metódicamente mientras redibujaba los diagramas con una regla. Aunque era una tarea compleja que no lograba comprender del todo, jamás encontró el trabajo tedioso.

Trabajaron en silencio. Después de un rato, Ruth alzó la vista de su escritura en el idioma antiguo y enarcó las cejas.

—Es mejor en esto de lo que esperaba, mi señora. Está cerca de la perfección, diría yo.

Insegura de si esto era un cumplido, Maxi entrecerró los ojos.

—I-Incluso yo puedo hacer esto.

—Solo quise decir que ha superado mis expectativas.

Maxi lo miró con desconfianza. Sabía lo poco que el hechicero pensaba de ella. Aun así, se sintió aliviada de que no la estuviera regañando como había temido que hiciera.

—Me a-legra que me e-ncuentre útil.

Maxi continuó trabajando en el montón de pergamino con una leve sonrisa. Justo cuando sus dedos comenzaban a dolerle de sujetar la pluma, la puerta de la biblioteca se abrió de golpe. Se giró y vio a Riftan caminando hacia ellos.

Los ojos se le abrieron de par en par cuando vio que él estaba vestido con pantalones de cuero y una túnica negra en lugar de su armadura, una señal de que no tenía intención de salir del castillo ese día. Se había levantado a medias de su asiento para saludarlo con alegría cuando escuchó su voz gélida.

—Los sirvientes me dicen que has estado aquí desde temprano en la mañana. ¿Qué crees que estás haciendo aquí?

Riftan recorrió con la vista las pilas de libros y pergamino sobre el escritorio. El disgusto en su rostro desconcertó a Maxi.

—¿Qué significa todo esto?

Ruth parecía imperturbable.

—¿No es obvio? Su señoría y yo estamos haciendo el dispositivo que usted solicitó.

—Lo que quiero saber es qué está haciendo aquí mi esposa.

—Le pedí su asistencia a su señoría. Si recuerda, le informé incontables veces que era casi imposible terminar el dispositivo yo solo dentro de una semana.

Riftan se inclinó sobre el escritorio hasta cernirse sobre el hechicero.

—¿Estás tratando de vengarte de mí dándole órdenes a mi esposa?

—No pedí la ayuda de su señoría solo para molestarlo. Resulta que es la única persona alfabetizada en este castillo que también sabe aritmética. No es como si pudiera pedirles ayuda a los caballeros, ¿o sí?

—¡Pero crees que es aceptable pedírsela a mi esposa!

—R-Riftan, de verdad no me i-mporta —intervino Maxi rápidamente.

Riftan le lanzó una mirada afilada, haciendo que los hombros de Maxi temblaran. Pero después de todo lo que Ruth había hecho por ella, no podía permitir que lo reprendieran así. Tratando de mantener la voz firme, continuó:

—N-No es difícil, y más i-mportante aún, es p-ara Anatol. No q-uiero que algo s-imilar vuelva a s-uceder.

—Me aseguraré de que jamás vuelva a suceder. —Aunque la voz de Riftan ahora era más suave, seguía viéndose irritado—. Pero no hay necesidad de que te pongas en peligro.

—¿Y en qué peligro podría estar ella exactamente? ¿Temes que muera del pinchazo de una pluma?

—¡Eres propenso a iniciar incendios con el movimiento de una mano! ¿Y por qué estás aquí en lugar de tu torre? ¿Y si inicias un incendio?

—Lo que estoy haciendo es un dispositivo protector. ¡Las posibilidades de que ocurra una explosión o incendio son mínimas o nulas! Lo peor que podría pasar es que la biblioteca se vuelva más segura.

Riftan frunció el ceño, fastidiado de no tener más argumentos que dar. Maxi le tiró suavemente de la túnica. Sabía que la mejor manera de detener a dos sabuesos peleando era separarlos.

—P-Por favor, no se e-nfade. R-Ruth dice que e-s seguro.

—No estoy enojado, solo preocupado. —Riftan suspiró—. Bien. Ayúdalo si debes, pero no te agotes en exceso. Y Ruth, ni siquiera pienses en involucrar a mi esposa en experimentos peligrosos.

—¿Qué clase de persona crees que soy?

—Un peligro andante.

Con eso, Riftan atrajo a Maxi hacia sí. En el pasado, un ceño fruncido de su parte habría bastado para aterrorizarla, pero extrañamente ahora no sentía temor ante el hecho de que un hombre grande y enfadado le tirara del brazo. Su disgusto todavía la ponía ansiosa, pero sabía que él no le haría daño.

—Basta por hoy —dijo Riftan, guiando a Maxi hacia la puerta—. Puedes tú solo el resto del día.

Ruth se levantó rápidamente de su asiento.

—¿A dónde va sin su armadura?

—A ningún lado. Incluso yo necesito días de descanso de vez en cuando.

Los ojos de Maxi se abrieron de par en par. Al ver la misma sorpresa en el rostro de Ruth, dedujo que Riftan rara vez tomaba descanso.

—¿Pero qué hay de los intrusos?

—He enviado un mensajero a Livadon. Serán liberados una vez que reciba la compensación. Hasta entonces, manténganlos vivos en los calabozos.

—¿Y si su padre se niega a pagar?

—Entonces les cortaré los— —al ver la expresión en el rostro de Maxi, Riftan se detuvo y le hizo un gesto con las manos a Ruth—. Yo me encargaré de eso.

—Justo. Disfrute su día libre. Bien merecido.

—Qué gentil de tu parte.

Maxi se giró para despedirse de Ruth con un asentimiento antes de salir de la biblioteca. En el corredor, brillantes rayos de sol se derramaban a través de las ventanas. Riftan miró por la ventana un momento antes de girarse hacia Maxi con ojos brillantes.

—Necesitaremos algo más abrigado antes de salir. Es un buen día, pero el viento está frío.

—¿A d-ónde vamos?

—Ahora tienes tu propio caballo. Deberías sacarla a pasear antes de que haga demasiado frío. Te mostraré un buen lugar para montar.

Los labios de Maxi se entreabrieron de sorpresa. Se sintió complacida de que él quisiera pasar tiempo con ella fuera de la recámara.

—P-Pero usted d-ebe estar cansado. Q-Uizás debería d-escansar...

—No soy un anciano, Maxi. Pero si insistes en pasar tiempo en el dormitorio...

Maxi contuvo la respiración al ver el deseo en sus ojos. Con el rostro ardiendo, bajó la vista. Riftan rio suavemente y la atrajo en un abrazo firme.

—Es tentador, pero hoy vamos a salir. Quiero mostrarte mi tierra.


Después de cambiarse a un vestido más apropiado para montar, Maxi siguió a Riftan hacia los establos. Con la ayuda del muchacho de establos, guio a su hermosa nueva yegua blanca hacia afuera. Riftan la siguió con su poderoso caballo de guerra, que Maxi reconoció de inmediato como el que había montado durante su viaje a Anatol.

Riftan le acarició el cuello al caballo con suavidad.

—Recuerdas a Talon, ¿verdad? Aparte de su temperamento fogoso, es tan perfecto como cualquier caballo podría desear.

—¿Le g-ustan los c-aballos?

—He soñado con tener uno desde que era un niño de diez años. Y Talon aquí es el mejor entre todos los caballos que he tenido.

Riftan frotó la mejilla contra el hocico de Talon. La vista repentinamente llenó a Maxi de celos. Se apartó, mortificada de sentir celos de un simple animal. Según las enseñanzas de la iglesia, nada era más vergonzoso que los celos de una mujer.

Riftan se acercó a ella.

—¿Le has dado un nombre?

Maxi negó con la cabeza, tratando de contener sus emociones.

—A-Aún no.

—Deberías elegir uno pronto. Se acostumbrará más rápido a ti si la llamas por su nombre.

—¿Q-Ué debería n-ombrarla?

—Es tu caballo. Deberías ser tú quien decida.

Después de reflexionarlo, Maxi dijo:

—R-Rem...

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Etiquetas: Bajo el Roble C46
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