Bienvenida de vuelta
o

Bajo el Roble - Capítulo 58

—H-Hemos traído agua para su baño, mi señor.

Al escuchar la vergüenza en la voz de la criada, las orejas de Maxi se pusieron rojas. ¿Había escuchado todo desde la otra habitación? Sin inmutarse, Riftan se ató las correas de sus pantalones y se dirigió hacia la puerta.

Maxi rápidamente se escondió detrás de la cama con vergüenza y se subió la manta sobre la cabeza. Un momento después, unas cuantas criadas entraron con toallas y un cambio de ropa. Solo cuando se marcharon después de llenar la bañera con agua tibia se atrevió Maxi a mirar. Vio a Riftan quitarse el resto de la armadura y la ropa antes de sumergirse en la bañera junto al fuego. Le hizo señas.

—Ven, Maxi.

Ella se quedó mirando, cautivada por la vista del agua goteando de su cabello oscuro. Apoyando un brazo en la bañera, él le sonrió como si intentara persuadir a un gato cauteloso.

—Estoy demasiado cansado como para mover un dedo. Ven a ayudarme a bañarme.

—E-Está m-intiendo...

—Tuve que dormir afuera en la nieve durante diez días. Todo el cuerpo me duele, y no siento los dedos de los pies. Ven a ayudarme.

Aunque era evidente que estaba exagerando, Maxi no pudo evitar sentir preocupación. Bajó lentamente de la cama y se acercó a él. Cuando se acercó, Riftan le tomó la mano y comenzó a frotarse los labios y las mejillas contra ella.

—Quítate la ropa y únete a mí.

Al verla vacilar, añadió con impaciencia:

—Te necesito. Apúrate.

Mirándolo con ojos temblorosos, ella lentamente comenzó a desvestirse. Era difícil negarle algo. Después de deslizarse fuera de su vestido y su camisola, se quitó las medias y las colgó sobre una silla. Los ojos oscuros y ardientes de Riftan la traspasaron.

Cuando se quitó su ropa interior desgarrada, entró a la bañera. Riftan la atrajo hacia sí por la cintura y le presionó los labios contra su pecho hinchado, haciéndola aferrarse a su cabello mojado y brillante.

Cuando sintió que sus labios febriles le temblaban contra la piel, sintió que el calor se reencendía en su vientre. Riftan la colocó sobre su regazo y comenzó a mordisquearle la clavícula. Con un gemido, ella le echó los brazos alrededor de la cabeza, insegura de si quería que él se detuviera o continuara. Un placer parecido al dolor le picó la columna.

Riftan le tomó el pecho.

—También me quieres a mí, ¿no es así?

El rostro de Maxi se puso rojo remolacha, pero eso fue respuesta suficiente para Riftan. Ella vio contento, deseo, y una emoción intensa que no lograba descifrar agitarse detrás de sus ojos. Succionándole los labios, él le abrió las piernas y entró en ella, y Maxi se derritió de nuevo en los brazos de este hombre insaciable.


Maxi no tuvo ni un momento de respiro de la búsqueda de Riftan por saciar su deseo. Ninguna parte de ella podía escapar de sus manos errantes; le besó, mordisqueó y acarició el cuerpo hasta que su piel quedó adolorida. Después de excitarla hasta el punto en que ya no podía soportarlo, él se hundió dentro de ella y la poseyó hasta que quedó agotada, aturdida por la serie interminable de clímax.

Cuando Riftan finalmente se desplomó sobre la cama con satisfacción, Maxi se sintió tan aliviada que podría haberle dado gracias al cielo. Descansó la cabeza sobre su hombro, exhausta.

—¿N-No está c-ansado, R-Riftan?

Él suspiró, acariciándole la espalda con una expresión satisfecha en el rostro.

—Imagina que has preparado un festín para un hombre que ha pasado hambre durante días. ¿Qué crees que hará?

Maxi lo miró parpadeando. Riftan le presionó los labios contra el hombro, luego continuó.

—Devoraría la comida frente a él, incluso si estuviera a punto de perder la consciencia.

Riftan le mordisqueó la carne entre el cuello y el hombro. Maxi se retorció y lo fulminó con la mirada.

—N-No soy su f-estín...

—Pero eres tan suntuosa.

Se frotó los labios contra el hombro de ella, que se había puesto rosado, y le acarició el punto sensible de la nuca. Alarmada, ella se sumergió bajo las cobijas. Él rio y la atrajo hacia sí, cobijas y todo. Un hormigueo le recorrió el cuerpo, el sonido de su risa tirándole de las fibras del corazón.

Somnolienta y satisfecha, Maxi hundió el rostro en su pecho, y él le acarició el cabello con sus grandes manos. Compartir un momento tan íntimo con otro ser humano se sentía como un milagro.

—He eliminado a todos los duendes de la montaña, así que no habrá más incursiones hasta que termine el invierno. Una vez que haga más calor, podremos volver a cabalgar, o podemos ir a ver el lago al oeste de aquí. Es hermoso incluso en invierno.

—M-Me e-ncantaría eso.

—Entonces te llevaré cuando haga más calor.

La voz de Riftan se había vuelto más suave, quizás por el cansancio. Maxi esperó hasta estar segura de que él estaba dormido antes de abrazarle la cintura con cautela. Él correspondió como si fuera lo más natural del mundo, y justo entonces, ella se dio cuenta de cuánta hambre había tenido de afecto. Solo cuando sintió que su calidez la llenaba se dio cuenta de la vastedad del vacío que había estado dentro de ella.

La constatación la llenó de alegría y terror a la vez. Riftan había venido irrefutablemente a ocupar los recovecos más profundos de su corazón. Ahora él tenía el poder de arrancarle el corazón, y de aplastar su voluntad de vivir. Si él se cansaba de ella, Maxi tendría que vivir el resto de sus días en absoluta desolación. La idea de aquel destino desdichado la alarmó. Alzó la vista hacia su rostro dormido con ojos temerosos.

Era un tipo diferente de miedo del que su padre le había hecho sentir. Aunque estaba agotada, el sueño no le llegó fácilmente.


Riftan se levantó temprano a la mañana siguiente para hacer sus rondas por el castillo, mientras Maxi se quedó en cama hasta el mediodía antes de bañarse y vestirse. Con la distribución de las prendas de invierno completa, le quedaba poco por hacer en el Castillo Calypse.

Caminó hacia su escritorio, habiendo decidido pasar el día leyendo los libros que Ruth le había dado. Ludis pronto entró con una bandeja de desayuno, que colocó junto a la pila de libros.

—Preparé comida que puede disfrutar mientras lee, mi señora.

Maxi sonrió y le agradeció a Ludis su consideración. En la bandeja, había una deliciosa comida de crepa con mermelada de uva, pastel de avena con nueces, y leche tibia con miel. Dio un mordisco al delicado pedazo de pastel mientras pasaba lentamente las páginas del tomo.

Esta vez, Maxi comprendió el contenido del libro con facilidad. Quizás Ruth había elegido los libros correctos para ella. Escribió notas en un pedazo de pergamino, grabando las doctrinas en su mente.

Aunque ya había desperdiciado varias resmas de pergamino desde que había comenzado sus estudios, no se sentía más cerca de convertirse en maga, y había comenzado a dudar de si hojear estos libros la habilitaría para aprender magia. Estaba mirando la página con los ojos entrecerrados cuando escuchó un golpe en la puerta. Cerró el libro y alzó la vista.

—¿Q-Uién es?

—Soy yo. Voy a entrar.

Maxi apresuradamente guardó sus libros y rollos de pergaminos mientras Riftan, vestido con una bata negra hasta la rodilla, entraba a grandes zancadas. Era inusual que ella lo viera durante el día incluso cuando ambos estaban en el castillo, y Maxi se alegró de verlo.

—¿Dormiste bien? —susurró, plantándole un beso en la frente.

Maxi asintió con timidez.

—P-Erdóneme por d-espertar t-an tarde.

—Deberías haberte quedado en cama.

—P-Ero ¿cómo p-odría haberme q-uedado en cama c-uando u-sted ya se había l-evantado?

—No hay necesidad de que sigas el ritmo de mi horario.

Riftan parecía estar trazando una línea entre ellos. Herida, Maxi negó con la cabeza, consolándose con el pensamiento de que él estaba siendo considerado. Riftan le rodeó los hombros con un brazo y comenzó a alisarle el vestido.

—¿No es este vestido demasiado fino?

—E-Stoy usando m-ás c-apas por debajo.

—Ven aquí.

La condujo de la mano hacia un cofre de madera. Sacó una capa de terciopelo, que procedió a colocarle sobre los hombros. Los ojos de Maxi se abrieron de par en par.

—¿A d-ónde v-amos?

—Hay algo que quiero mostrarte. No saldremos del castillo.

Con la mano en la de él, ella lo siguió mientras la guiaba fuera de la habitación, escaleras abajo hacia la cocina, y a través de la puerta lateral que conducía al exterior. Al ver a Maxi estremecerse cuando el aire frío la golpeó, Riftan le echó un brazo alrededor de los hombros y le subió la capucha de la capa sobre la cabeza.

—Lo sé, hace frío. Esto no tomará mucho tiempo.

Maxi miró hacia adelante, perpleja. Todo lo que podía ver eran árboles desnudos y un sendero congelado y descuidado. Reprimiendo su curiosidad, continuó siguiendo a Riftan. Él se giró hacia un gran establo anidado entre los árboles detrás del castillo.

Sintiendo el aire cálido dentro saludándola, Maxi se bajó la capucha. Aunque el hedor de los caballos impregnaba el establo, el lugar estaba limpio y protegido del viento. De hecho, era bastante acogedor.

—¿E-Stamos aquí para v-er los c-aballos?

—Shh. —Riftan le puso un dedo en los labios.

Ella rápidamente apretó los labios y miró a su alrededor. Riftan le tiró suavemente del brazo para guiarla más profundo dentro de los establos.

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Etiquetas: Bajo el Roble C58
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