Bienvenida de vuelta
o

Bajo el Roble - Capítulo 23

—No te duermas todavía.

Succionando los labios de Maxi, Riftan frotó lentamente la parte donde estaban unidos. Los ojos de ella se abrieron de golpe. La recostó boca arriba antes de arrojar su túnica a un lado. Sus cuerpos, todavía conectados, temblaban en el resplandor posterior al placer. Aunque estaban exhaustos, él le tomó el tobillo y le apoyó la pierna sobre el hombro. Alzó las caderas.

Maxi soltó un gemido bajo mientras la vista obscena de sus cuerpos desnudos entraba en su campo de visión. Recordó al clérigo que alguna vez le había predicado sobre la conducta de una esposa virtuosa. Pero mientras Riftan comenzaba a mecer su cuerpo de nuevo, sintió que su vacilación se desvanecía.

—Ah... A-Ah...

—Mira esto.

Él le alzó la cabeza para hacerla ver cómo estaban unidos. Ella contuvo el aliento con conmoción. Él se hundió hasta la empuñadura, su torso esbelto presionando contra ella con cada embestida. Ola tras ola de calor ardiente hacía estragos en su interior. Ella se retorcía debajo de él como un pez arponeado.

—¡Ah...!

—No cierres los ojos. Mira. Estoy dentro de ti... Mmm...

Riftan se movía con urgencia dentro de ella, una vena elevándose a la superficie de su cuello. Maxi vacilaba entre el impulso de apartarlo y el deseo de abrazarlo. Riftan apretó los dientes y se estremeció como si estuviera reprimiendo algo. Entonces, comenzó a mecer las caderas con vigor desenfrenado. Se hinchó hasta un punto justo antes de romperle la piel mientras se restregaba contra su interior.

Con cada movimiento, la rompía y la volvía a moldear, sus partes bajas emitiendo sonidos húmedos. Maxi se cubrió el rostro con las manos y gimió. El éxtasis agónico continuó durante toda la noche.


Maxi despertó al sonido de las gotas de lluvia golpeando la ventana. Su visión borrosa registró gotas de agua deslizándose por el cristal, más allá del cual había un cielo tormentoso. El aire frío la hizo estremecerse. Mientras se acercaba las cobijas, el brazo fibroso que había estado alrededor de sus hombros la atrajo hacia un abrazo.

Maxi se sonrojó y bajó la mirada. La gran mano de Riftan le cubría el pecho. Su muslo, duro como el mármol, estaba presionado entre sus piernas, donde él había entrado incontables veces la noche anterior. Después de apartarse de él sin despertarlo, giró la cabeza para mirarlo. Estaba profundamente dormido, con la cabeza medio hundida en las almohadas y una expresión inocente en el rostro.

¿Inocente...?

Ella negó con la cabeza. Era la última palabra que asociaría con aquel hombre. Aun así, no podía apartar los ojos de su rostro apacible. Sus ojos, habitualmente severos, se veían suaves y relajados, y con el ceño desaparecido de su rostro, parecía un joven de veinte años.

Maxi sintió un impulso repentino de apartarle el cabello desordenado. Al sentir su tacto, Riftan sacudió ligeramente la cabeza y exhaló somnoliento. Su corazón dio un vuelco. Luchó contra el deseo de deslizar la mano por su frente y mejillas suaves.

—R-Riftan... es hora de d-despertar...

Aunque era imposible saber la hora por el cielo nublado, sabía que habían estado en la cama durante mucho tiempo. Con cuidado, intentó deslizarse fuera de su abrazo. Riftan murmuró algo ininteligible y se acurrucó contra ella. El leve aroma a sudor y almizcle que emanaba de su piel bronceada le encendió el calor en el vientre bajo, y contuvo un gemido.

Se recostó boca abajo y apretó los muslos. La región entre sus piernas le picaba, y sus extremidades le dolían por la noche anterior. Mordiéndose el labio inferior, esperó a que él volviera a dormirse. Pronto sintió que los brazos de él se relajaban y comenzó a incorporarse con cautela de la cama, pero se encontró presionada por el peso de Riftan.

—¡R-Riftan...!

Empujada contra la cama, agitó los brazos. Él le tomó los glúteos y la abrió antes de embestir dentro de ella, aunque todavía estaba hinchada. Ella se aferró a las sábanas y jadeó en busca de aire.

—Se siente como si me estuviera derritiendo...

Su voz cargada de sueño le hizo cosquillas en la parte de atrás de las orejas. Maxi hundió el rostro en las suaves sábanas mientras él se colocaba detrás de ella y le sostenía los pechos. Su virilidad comenzó a moverse dentro de ella.

—Mmm...

—Oh...

Ella soltó un gemido suave al recibirlo. Las manos de él soltaron sus pechos y descendieron para frotarle con ternura entre las piernas. La calidez constante en su interior creció hasta convertirse en un incendio pleno.

Extendió los dedos de los pies como un abanico y hundió el rostro en las sábanas. Él se empujó más profundo dentro de ella, su amplio pecho presionando contra su espalda. Sintió un mordisco de placer en la nuca.

Aunque lo había experimentado varias veces durante la noche, la sensación de él hinchándose y palpitando dentro de ella se sentía extraña. Todo su cuerpo se convulsionó.

—Apenas es de mañana, y ya me estás volviendo loco.

Presionó los labios contra su espalda temblorosa y se retiró lentamente. Ella gimoteó ante la sensación extraña.

—Espera aquí.

Riftan se pasó una mano por el cabello desordenado y bostezó ruidosamente antes de saltar de la cama.

Maxi lo observó mientras caminaba por la habitación completamente desnudo y se ponía los pantalones. Para un hombre cuyo primer acto de la mañana había sido saquearla, se veía tan lánguido como un gato tomando el sol.

—Tráiganos agua para bañarnos y ropa para cambiarnos —instruyó a una criada que había estado esperando afuera de la puerta.

Con eso, regresó a la cama con paso tranquilo. Maxi temblaba suavemente en las secuelas de su clímax. Él la contempló con sus ojos oscuros antes de sentarse en el borde de la cama para plantarle besos por todos los hombros y la espalda desnudos. Ella gimió.

—E-Estoy c-cansada... —murmuró, temiendo que él intentara entrar en ella de nuevo.

Riftan frunció el ceño. Le pasó una mano por los glúteos pálidos, húmedos de secreciones corporales.

—¿Te duele? —Su voz estaba cargada de preocupación.

—Está un p-poco a-adolorido —logró tartamudear ella.

De nuevo, profundos surcos aparecieron entre sus cejas.

—Debí haberte forzado demasiado —murmuró, pasándose una mano por el cabello.

Maxi solo pudo sonrojarse en respuesta. Momentos después, las criadas entraron con toallas y una bañera llena de agua caliente. Después de despedirlas, Riftan la tomó en brazos y la bajó con cuidado a la bañera. Ella gimió suavemente mientras sus músculos doloridos se aflojaban. Mientras Riftan se quitaba los pantalones y se deslizaba detrás de ella, el agua se derramó por los bordes y salpicó el suelo.

—Puedes relajarte. No haré nada más hoy.

Sentado con las largas piernas abiertas, él le abrazó con ternura los hombros tensos. Maxi se hizo un ovillo, observándolo mientras se enjabonaba el rostro y el cabello. Después de enjuagarse el cabello, vertió agua fresca en la bañera y procedió a lavarle el suyo. Ella se sintió avergonzada de ser tratada como una niña, pero estaba demasiado cansada como para objetar.

—Tu cabello es tan esponjoso, como una nube roja.

Sus largas trenzas flotaban sobre la superficie del agua como los tentáculos de una medusa roja. Él tomó unos mechones en la mano y los enroscó alrededor de sus dedos. Los ojos de ella se abrieron de par en par. Jamás había imaginado que alguien compararía su cabello triste e indomable con algo tan hermoso como las nubes en el cielo.

—S-Siempre s-se enreda. E-Es incómodo.

—Pero tus rizos son tan lindos.

Sus ojos se abrieron aún más. El hombre tenía gustos peculiares.

—Suéltate el cabello cuando estés conmigo. Me encanta ver cómo cae sobre tu hombro. Y me encanta sentir tus rizos contra mi piel.

Abrazándole la cintura desde atrás, le hundió la nariz en el hombro. Con el agua hasta la barbilla, Maxi intentó alisarse el cabello.

Después de remojarse en el agua tibia hasta que los dedos de las manos y los pies se les arrugaron, se levantaron para secarse. Riftan la sentó frente a la chimenea y le secó el cabello con una toalla. Ella hizo lo mismo a cambio.

Riftan se puso la túnica y los pantalones que las criadas habían preparado. El escote de la túnica blanca como la nieve estaba bordado con hilo dorado, y al vestirla, parecía una obra maestra.

—Solo quédate en la cama y descansa hoy. Está lloviendo, así que no podrás salir.

Maxi asintió. Todavía estaba envuelta en sábanas, sin el valor de vestirse frente a él. Riftan se puso un par de botas largas sobre sus pantalones almidonados y se abrochó las correas de cuero.

—¿V-Va a s-salir?

Maxi lo miró con desconcierto mientras él se ponía la armadura y reunía su espada y capa. Riftan se giró para mirarla con una sonrisa suave, sujetándose la espada al cinturón alrededor de la cintura.

—¿Quieres que me quede?

Maxi abrió y cerró la boca, sin saber qué decir. Él se echó la capa sobre los hombros y continuó hablando con tono distante.

—He estado ausente por mucho tiempo, así que hay deberes que requieren mi atención. Inspeccionaré la hacienda todo el día. Manda a un guardia si sucede algo.

—P-Pero está l-lloviendo tan fuerte...

Ella miró la lluvia golpeando contra la ventana. Riftan se encogió de hombros.

—Una vez atravesé una montaña en medio de una tormenta feroz. Un paseo por mi hacienda no es nada.

Con eso, se bajó la capucha sobre la cabeza y caminó a grandes zancadas hacia la puerta.

—Volveré.

—C-Cuídese...

Él le lanzó una mirada indescifrable por encima del hombro antes de salir de la habitación.

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Etiquetas: Bajo el Roble C23
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